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Bujalance en la Red |
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| Bujalance | Boletín Local de información | Número 43, enero 2004 | |||||||||||||||||||||||||
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Con otra mirada
El problema de nuestra Iglesia de la Asunción Empiezo pidiendo disculpas a mi amigo José González Palma y, aunque no me conoce, él sabe que mi intención no es otra que hacer reflexionar al lector con hechos palpables e incontestables sobre alguna de sus reflexiones, no estando en mi ánimo burla ni, en este caso, siquiera ironía. Tómenlo los lectores como una metáfora que puede ayudar a reflexionar con la vista puesta en el futuro, viendo hechos del pasado. Cuentan las crónicas que en el boletín informativo del Obispado de Córdoba se recibió y publicó, cuando se construyó la iglesia de San Francisco, un escrito de un feligrés de Bujalance en el que reflexionaba sobre la construcción de una nueva iglesia, que decía textualmente: Hay realidades ante las que un pueblo se hace especialmente sensible. Afortunadamente esta es una de ellas:¿qué va a pasar con la Iglesia de la Asunción? Deseo exponer sobre ello, con sinceridad y respeto, mis propias reflexiones y opinión. Construir una nueva iglesia en el solar del antiguo egido supondría inevitablemente «la caída en desgracia» de nuestra Iglesia de la Asunción; quedaría a la sombra de la nueva, degradada en su importancia y función. En el caso, no fácil de que las posibilidades económicas de este y futuros cabildos permitieran atender debidamente el mantenimiento de ambas, la nueva, por simple coherencia de objetivos, ganaría la partida. Y la Iglesia de la Asunción entraría en irremediable declive. Destruir la actual, para edificar en su lugar -ampliada- otra iglesia, sería dar un adios innecesario y doloroso a una entrañable vecina nuestra, testigo ella y no sólo su espacio, de pequeños trozos de historia -excepcionales unos, diarios y normales otros- que forman parte de nuestra alma colectiva, traspasándolas a las generaciones que vienen, el cariño por lo nuestro, el amor a nuestro pueblo. Esta historia y la robustez arquitectónica del la iglesia reclaman su básica conservación. Pienso que el punto de partida habría de ser lo que me atrevo a pensar que es el sentimiento general: que «la Iglesia de Bujalance» siga siendo «La Iglesia de la Asunción» Una Iglesia ampliada al máximo: espacio público hay para ello. Mejorada y modernizada; soluciones técnicas, sin duda, también las hay. Una Iglesia de la Asunción que siga siendo «la Iglesia» y continúe «en su sitio». Un sitio privilegiado que, por ser privilegio que beneficia a todos, debemos defender celosamente. No se trata sólo, siendo esto importante, de que esté situada en un lugar céntrico, Junto a la Casa Cosistorial, con lo que ello tiene de comodidad para todos y de tranquilidad y seguridad para las edades más vulnerables: niños y ancianos. Se trata también de algo fundamental en la vida de las comunidades humanas: algo que, acaso pocas veces pensemos, pero que sentimos y llevamos dentro: el valor simbólico de los espacios: lo verdaderamente importante se construye, se coloca... en el centro. No es ni única, ni principalmente cuestión de metros, cercanías o distancias, sino de prioridades expresadas en el lenguaje más rico del ser humano: el de los símbolos. Por eso, Bujalance tiene su Ayuntamiento en el Centro y en el centro sus mercados, y sus tabernas, y sus posadas- Por eso también tenemos nuestra Iglesia en el centro, en el corazón de la villa. Hay ocasiones , en que se hace necesario olvidar que se pertenece a una orden religiosa, guardar para otro momento el espíritu polémico, reavivar la conciencia de responsabilidad colectiva y, en esa triple actitud, buscar juntos las soluciones mejores. Pienso que estamos ante una de esas ocasiones. La Iglesia de la Asunción, con su historia, brillante y despierta en unos tiempos, dormilona en otros, pero siempre serena y pacífica, se nos ha convertido de pronto en un serio problema. Bienvenido sea su problema si la crisis que se le avecina no termina en extinción, desplazamiento o relevo, sino en crecimiento y adultez. Siempre hemos de esperar de nuestros representantes eclesiásticos que den la talla.. Entiendo que la talla en este asunto es escuchar a la ciudadanía; reflexionar serenamente tras esa escucha; sentarse a continuación, no en la polemizante solemnidad de la reunión del Cónclave sino en torno a una mesa -grande- para buscar entre todos la mejor solución. Todos, incluida nuestra Iglesia de la Asunción se lo agradeceremos. Un feligrés Córdoba, 15 de abril de 1520
No dicen las crónicas si el asunto se decidió por Cónclave o si alrededor de una mesa -grande- se reunió todo el pueblo. Nosotros sabemos que, además de la Iglesia de la Asunción, que al final no se derribó para hacer otra sobre ella, afortunadamente, se construyó una nueva en otro lugar. Ahora tenemos dos: «Nuestra Iglesia» y la Iglesia de San Francisco; además, la iglesia de la Asunción fue ampliada con capillas varias y se le añadió una hermosa torre que la guardara y fuera la admiración del pueblo y sus alrededores. También a la nueva iglesia se le construyó su torre y hoy conviven perfectamente, sin que la Iglesia de la Asunción, «Nuestra Iglesia» sienta celos de la nueva ni haya perdido, «por simple coherencia de objetivos», protagonismo. Curiosamente hoy se encuentran las dos en el centro de la ciudad. La Torre de la Asunción mira hacia abajo con cariño a su hermana pequeña, y la pequeña, hermosa y lozana, mira a su hermana mayor con orgullo. Por cierto, la nueva iglesia que ahora, con el paso del tiempo, también es «Nuestra Iglesia», tiene al lado un teatro que parece que tiene los mismos problemas de celos que tuvo en su día «la Iglesia», «Nuestra Iglesia». Hay quien pretende tirarlo para hacer uno nuevo en su sitio y también hay quien pretende evitar que se construya otro porque le haría sombra ¡Qué pena! Juan Álvaro
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